Technological diversification through global value chains in European regions
Eduardo Hernández Rodríguez
Palabras clave: Cadenas globales de valor; diversificación tecnológica; afinidad; nexos interregionales; regiones europeas.
Este artículo analiza cómo la participación de las regiones en las cadenas globales de valor (en inglés Global Value Chains, GVCs) influye en su capacidad para diversificarse tecnológicamente. Tradicionalmente, la geografía económica, y especialmente la geografía económica evolutiva, ha estudiado la diversificación tecnológica centrándose en las capacidades internas de las regiones, es decir, en los conocimientos, competencias y tecnologías ya existentes que facilitan el desarrollo de nuevas actividades afines. Sin embargo, este enfoque ha prestado menos atención a la dimensión interregional, es decir, a las conexiones que las regiones establecen con otros territorios a través de redes económicas internacionales.
El estudio sostiene que comprender la diversificación tecnológica regional requiere incorporar el análisis de estas conexiones externas, especialmente la participación en las cadenas globales de valor. Estas cadenas organizan la producción de bienes y servicios a escala internacional, permitiendo que distintas fases del proceso productivo se desarrollen en diferentes regiones del mundo. Según los resultados obtenidos, la participación en estas redes aumenta las probabilidades de que una región se especialice en nuevos campos tecnológicos, siempre que ya disponga de capacidades tecnológicas afines. En otras palabras, las capacidades locales siguen siendo fundamentales, pero su efecto se ve reforzado cuando las regiones también están integradas en redes internacionales de producción e intercambio de conocimiento.
El trabajo contribuye así a acercar dos enfoques de investigación que hasta ahora se habían desarrollado de forma relativamente independiente: la geografía económica evolutiva y la literatura sobre cadenas globales de valor. Para ello, utiliza el concepto de afinidad tecnológica (relatedness), según el cual las regiones tienen más posibilidades de desarrollar nuevas tecnologías cuando estas guardan relación con las capacidades previamente existentes. No obstante, el estudio amplía esta perspectiva incorporando el papel del conocimiento que llega desde el exterior mediante la participación en las cadenas globales de valor.
Además, el análisis diferencia entre dos formas de participación en estas cadenas: la participación hacia atrás (backward participation), cuando una región importa insumos intermedios para su producción, y la participación hacia adelante (forward participation), cuando suministra bienes o servicios que serán utilizados por otras regiones en etapas posteriores de la producción. Esta distinción resulta importante porque los flujos de conocimiento asociados a cada modalidad son diferentes y sus beneficios no se distribuyen de manera uniforme. Asimismo, el estudio considera el nivel de desarrollo económico de las regiones, ya que las regiones menos desarrolladas pueden beneficiarse de forma distinta de la integración en las cadenas globales de valor respecto a las regiones más avanzadas.
Las conclusiones del estudio tienen importantes implicaciones para las políticas públicas de innovación y desarrollo regional. En particular, se argumenta que estrategias como las de Especialización Inteligente deberían incorporar de forma explícita la dimensión interregional y el papel de las cadenas globales de valor. Aunque el fortalecimiento de las capacidades tecnológicas locales sigue siendo esencial, las regiones también deben aprovechar el conocimiento generado fuera de su territorio mediante una mayor integración en redes internacionales de producción y colaboración. De este modo, la combinación entre capacidades locales y conocimiento externo puede favorecer procesos de innovación más dinámicos y acelerar la diversificación tecnológica.
Asimismo, el artículo destaca que las políticas públicas deben adaptarse al nivel de desarrollo de cada región. En el caso de las regiones en transición o menos desarrolladas, resulta especialmente importante fomentar la participación en cadenas globales de valor que permitan acceder a conocimientos avanzados y evitar quedar atrapadas en actividades de baja complejidad tecnológica o escaso potencial de crecimiento. Por tanto, las políticas deberían promover no solo la especialización basada en recursos locales, sino también la creación de vínculos estables con otras regiones que faciliten el aprendizaje y la transferencia de conocimiento.
Por último, el estudio sitúa sus conclusiones en el contexto de los actuales debates sobre la globalización y la reorganización de las cadenas de producción. Las crecientes tensiones geopolíticas, junto con tendencias como la relocalización de la producción (reshoring), la concentración de proveedores en países aliados (friendshoring) o la regionalización de las cadenas de suministro, podrían dificultar la integración de las regiones en las cadenas globales de valor y reducir las oportunidades de aprendizaje tecnológico asociadas a ellas. Sin embargo, los autores defienden que estas cadenas deben seguir considerándose importantes canales internacionales de circulación del conocimiento. En consecuencia, políticas como la estrategia europea de Autonomía Estratégica Abierta podrían beneficiarse de una evaluación conjunta de las capacidades tecnológicas locales y de las oportunidades que ofrecen las conexiones internacionales para impulsar la innovación y la diversificación tecnológica regional.










